LANZAMIENTO 2015


"Según el profesor Paulo Freire “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Sin embargo hablar hoy en Chile de Educación, para muchos de quienes nos dedicamos a la pedagogía, es hablar de nuestras preocupaciones por el mundo actual, el temor y la desconfianza. ¿Cuántas veces hemos despertado por mañana con la duda de estar haciendo la tarea pedagógica con la fidelidad que requieren nuestros sueños? Para el Ministerio de Educación chileno la meta de la tarea educativa sería crear personas saludables, felices y sociables, con destrezas y habilidades básicas para convivir en sociedad. Pero hay ciertos datos que ponen en duda el cumplimiento de estos objetivos; según la Segunda Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural indican que en un cuarto de los hogares chilenos no hay libros y que solamente el 31% de la población lee. Menos de los estudiantes que quisiéramos, acceden a la práctica y el disfrute de expresiones artísticas y con suerte practica deporte en forma permanente. De esta forma es duro reconocer que preparamos personas ciegas de sus potencialidades y de su mundo interior, que no recuerdan la experiencia educativa como una oportunidad que les permitiera su expansión hacia conocimientos importantes que les fueran útiles para el presente y para futuro. Como afirma la académica e investigadora María Teresa Pozzolli: “Los educadores, por negligencia, o sin darnos cuenta, estamos preparando depredadores de la naturaleza, personas que por haber sido victimizadas por la autoridad, se adaptarán con facilidad a los modelos de control autoritario, y se volverán a sentir constreñidos, limitados en sus capacidades y opciones individuales, ausentes de experiencias de encuentro comunitario, y lejanos de las expresiones más solidarias y tolerantes de la diversidad.” Grupos de jóvenes, portadores de almas con vocación para participar de la fundación de una nueva ética se desvanecen en la niebla de un sistema que no los acoge en la complejidad de su existencia, y los transforman en enfermos de la desesperanza a sucumbir a partir de nuevos tipos de marginación. Puedo dar fe que el trabajo que realiza Sandra Burmeister, tanto como Embajadora de la Palabra, docente e investigadora incansable de lenguajes artísticos busca, a través de nuevos soportes, enseñar y fomentar del arte, principalmente la literatura. El libro que hoy nos convoca, “Chapeka, la niña naranja” es un ejemplo de ello. Personaje que tras su deseo de cambiar el mundo a través de observaciones agudas y críticas sobre la realidad, tiene un pudor femenino tan dulce como el jugo de naranjas del desayuno, al igual que su rizado pelo que recuerda la carne anaranjada del pez habita en el océano pacífico. Chapeka es de carne y hueso que pese a las contradicciones propias de una pre-adolescente chilena, es completamente feliz. Pero no es casualidad que a Chapeka de digan “la niña naranja”. He aquí a algunas asociaciones que se pueden hacer al respecto: El NARANJA se liga al concepto de la juventud y la extraversión. Y con frecuencia es garantía de emociones fuertes. Las personas que usan prendas se ese color, suelen ser vitales, amantes de la diversión y gozar de la vida. El NARANJA es el resultado de mezclar el Rojo y el Amarillo. Los expertos en teoría del color nos indican que la luminosidad y optimismo podrían corresponder al Amarillo, y la pasión al Rojo. De la mezcla de ambos, daría como resultado el NARANJA. El NARANJA produce una muy buena visibilidad es por eso que se utiliza para destacar por la noche a quienes usan los chalecos de seguridad reflectantes. Con el NARANJA se reconoce también a los atardeceres, y sobre todo en el mar, porque es el color que más contrasta con el brillo del agua. Por consiguiente, podríamos definir la personalidad de nuestra heroína de la siguiente manera: Chaqueka es una chica extrovertida, luminosa, llena de optimismo y pasión. No pasa inadvertida con su cabellera rizada, ni con su elocuencia. Gusta de los atardeceres y los arreboles junto al mar. Es vital, amante de la diversión y de gozar la vida. No cabe duda que esta obra, en calidad de material de mediación literaria, será de gran ayuda en la labor educativa, sugiriendo una mirada al entorno de manera dialogante, perceptiva y sensible, para abrirse de manera crítica hacia los más variados mundos expresivos y no únicamente artísticos. Salud y larga vida Chapeka, la niña naranja!!! 




Claudio Pueller B.
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